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BUSCADOR DE TRUCOS GUIAS Y ARTíCULOS |
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Centromail (info@centromail.es)
Hola, me llamo Threepwood, Guybrush Threepwood. Sólo a mi padre se le había
ocurrido apillidarse Threepwood ; y a mí nacer en el día e San Guybrush. Con
este nombre soy la risa de toda la isla. Al principio yo era un personaje
desconocido, pero me hice valer demostrando mi coraje en la isla de los
monos. Como estaba harto de injusticias me fui de casa en busca de un empleo,
pero con ese nombre que tenía todos se reían de mí. Fue por eso por lo que
decidí ser pirata, para vengarme y para conseguir mucho dinero. Primera
Parte. Las Tres Pruebas. Me puse en marcha hacia Melée Island, famosa por
sus piratas. Nada más llegar me encontré con el vigía de la isla y me dijo
que podría conseguir información de cómo ser pirata en el bar Scum, así que allí
me dirigí. Hablé con unos piratas que había en la entrada, pero ellos me
dijeron que debía hablar con los piratas importantes que estaban en el otro lado
del bar. Fui a verlos y me dijeron que para ser un buen pirata necesitaba
pasar tres pruebas, a saber : Ser un maestro del robo, ganar al maestro de la
espada y encontrar un tesoro. Como no sabía por donde empezar, me las ingenié
para entrar en la cocina cuando el cocinero salía. Allí encontré una cacerola
y un trozo de carne, y los cogí, como es natural. Saliendo afuera me encontré
un pescado y una gaviota picoteándolo. Lo que hice fue aproximarme hacia un
tablón suelto que estaba en la parte derecha y pisarlo varias veces hasta que la
gaviota se fue y yo pude coger el pescado. A la salida intenté hablar con el
perro, pero no me aclaró nada. Después fui hacia el pueblo y estuve viendo a
varios habitantes, pero apenas conseguí hacer nada, excepto coger un pollo con
una polea en el medio, porque no tenía ni un duro, así que me volví por donde
había venido y me di una vueltecita por la isla. Siguiendo el camino de la
derecha me encontré a un "troll" en un puente, que no me dejaba pasar. Decidí
darle el pescado, y se puso tan contento que me dejó el camino libre. Después
de ver toda la isla me dirigí hacia el claro y vi que allí se había instalado un
circo. Dentro se encontraban dos hermanos muy parlanchines que me ofrecieron
trabajo. Lo único que tenía que hacer era usar la cacerola como casco y
meterme dentro del cañón para que me disparasen. Me pegué un buen tortazo
contra el palo de enfrente, pero conseguí dinerillo para ir tirando. Volví al
pueblo, le compré un plano al charlatán, fui a la tienda que regentaba un
desagradable viejo y le compré una espada que por allí tenía. También
aproveché para comprar una pala pensando en el tesoro que debía buscar. Le
dije al viejo que quería hablar con el maestro de la espada y me contestó que
esperase, que él iba a concertar una cita. Esperé un buen rato y como no
venía pulsé el timbre para llamarle. Me dijo que "ella" no quería
verme. Quedé sorprendido de que fuese una mujer la que mejor dominase la
espada en toda la isla y pensé que era fácil ganarla. Le dije otra vez al
viejo que quería volver a verla, y esta vez le seguí por toda la isla. Fue
difícil seguirle porque corría mucho, pero cuando llegamos reté a la maestra de
la espada pero manifestó que ni siquiera desenfundaría por un mocoso como
yo. Así que fui a ver si encontraba a alguien que me enseñase y en el noreste
de la isla encontré una persona dispuesta. Me hizo luchar contra una absurda
máquina durante horas hasta que aprendí algo final me dijo que más que tener
habilidad con la espada, lo que había que tener era una lengua afilada y
viperina, a ser posible, para insultar al contrincante y dejarle anonadado,
aprovechando el momento para atacar. Marché de allí dándole las gracias y
traté de enfrentarme a los piratas locales que por los cominos pasaban. Al
principio no podía hacer nada ya que no sabía cómo responderles, pero lucha tras
lucha conseguí aprender algunas respuestas. Después de ganar dos veces partí
a enfrentarme con la maestra, pero sustuvo que todavía era un imberbe. Volví
a los caminos y luché, y luché, hasta que me cansé. Unas cinco o seis
victorias más me dieron un buen número de insultos. Todo orgulloso de mi
poderío fui a enfrentarme con la maestra, pero me sorprendió con insultos
distintos a los cuales no sabía responder. Luego me di cuenta que las
respuestas eran prácticamente las mismas, pero tuve que luchar tropecientas mil
veces con ella para conseguir ganarla. Después de conseguirlo me dio una
camiseta 100% algodón como prueba de mi victoria. Lo siguiente que hice fue
ir a buscar el tesoro, que no sólo podía estar en el único sitio donde no había
estado, en el laberinto del bosque. Me adentré una cruz marcada en el suelo,
empecé a cavar y descubrí que el tesoro era una camiseta a modo
souvenir. Volví a tapar el hoyo y regresé al bar para enseñarle las dos
pruebas a los piratas. Sólo me quedaba robar el ídolo, y el sitio donde
estaba era en casa de la gobernadora. Me encaminé hacia las afueras del
pueblo, a la casa, pero no puede pasar porque había unos perros muy
furiosos. Se me ocurrió que si les daba la carne a lo
mejor. . . . ¿Qué tíos, se la comieron y nada ! Fui otra vez al bar
y cogí otro trozo de carne. Pensé que si la cocía en el puchero a lo mejor
les gustaba más. Les di la carne cocida y nada. Volví otra vez al bar y
cocí de nuevo otro trozo de carne, pero esta vez lo condimenté con unos pétalos
de la flor amarilla. Y dio resultado, la comieron y se quedaron
dormidos. Y en la casa, tomé el jarrón y entré por la puerta de
abajo. Allí me dieron una paliza tremenda. Al final la gobernadora
intercedió por mí y me libró del maldito Sheriff, lo que hizo que me enamorase
de ella y quedase sin palabras. Intenté de nuevo entrar en la habitación,
pero necesitaba antes una lima para sacar el ídolo de oro. Fui a la tienda a
comprar una lima, pero el viejo me dijo que se le habían acabado. Lo
siguiente que se me ocurrió hacer fue hablar con el preso. Para aliviar su
situación intenté darlo algo de lo que tenía, pero me dijo que el sólo quería su
libertad, un unas pastillas de menta con sabor a grog, así que volví a la tienda
y las compré. Cuando se las di me lo agradeció mucho y comentó que si podía
conseguirle algo contra las ratas, entonces le ofrecí un matarratas que había
conseguido en la mansión. En prueba de agradecimiento me dio un pastel que
había hecho su tía. Cono tenía algo de hambre le di unos mordiscos y encontré
dentro una lima, así que marché directamente a la mansión y recuperé el ídolo,
pero a la salido a me estaba esperando el maldito sheriff y me tiró al fondo del
puerto con el ídolo atado a la cabeza. Pensé que mis días se habían
terminado, pero cogí el ídolo y la espada, que se me había caído, y fui al bar a
dárselo a los piratas, pero al llegar estaba vacío y el cocinero llorando como
una macarena, Me contó que habían secuestrado a la gobernadora, mi novia por
cierto, así que decidí enrolar a una tripulación y comprar un barco. En quién
primero pensé fue en la maestra de la espada. Fui a verla y aceptó con gusto
formar parte de mi tripulación. Luego intenté soltar al preso, pero no había
forma de forzar la cerradura. Tras mucho pensar me acordé de que quizá
dándole un poco de grog me ayudase. En el bar recogí todos los vasos que
encontré y llené uno con grog que había en el recipiente de la cocina. Me fui
corriendo, pero antes de llagar a la cárcel ya se había derretido el
vaso. Reflexionando un poco se me ocurrió volver y llenar otro vaso y cuando
estuviese a punto de derretirse traspasar el contenido a otro. Conseguí
llegar hasta la cárcel y justo cuando se lo iba a dar al preso se me derritió el
vaso, y por casualidad también la cerradura, así pues el preso pudo salir, pero
en vez de ayudarme , el muy desagradecido se largó. Lo siguiente fue ir al
embarcadero a comprar un barco. Cualquiera servía, pero no tenía
dinero. Estuve hablando con Stan y dijo que consiguiese un Crédito. Creí
que quizá el viejo de la tienda me diese uno, así que fui a pedírselo, me fijé
en la combinación de la caja fuerte cuando la abrió, pero no me dio
dinero. Mi cerebro ya estaba maquinando cómo realizar el atraco, pero se me
ocurrió que si mandaba al viejo a buscar a la maestra de la espada podría operar
más tranquilamente, y eso fue lo que hice. Más tarde volví con el charlatán
de Stan, y tras mucho regatear rechazando todos los extras de los barcos,
conseguí que me hiciese un buen precio por uno que era una ruina
flotante. Luego caminé hacia una pequeña isla que había en el extremo
norte. Para llegar hasta ella utilicé el pollo con la polea en el
medio. En el otro lado me encontré con un personaje curioso al que propuse
que se enrolase en la tripulación, pero él no estaba seguro de mis aptitudes
como capitán y me puso una dura prueba ; nada menos que meter al mano dentro de
una caja en la que había un monstruo, así que le eché valor y no pasó nada,
porque resultó que dentro había un inofensivo loro. El tipejo se quedó
asombrado y me dijo que era un buen capitán. Fui al puerto y allí encontré a
Stan, a los tres tripulantes y el barco a punto para zarpar. Segunda
Parte. El Viaje. Una vez dentro del barco estuve curioseando en al
habitación del capitán y cogí todo lo que allí encontré. Al salir, cuál sería
mi sorpresa al ver que toda la tripulación se había amotinado y estaban tomando
el sol, como si de un viaje de placer se tratara. No hubo manera de
convencerlos, así que tuve que apañármelas solo. Me puse a dar vueltas por
todo el barco y tomé todo lo que encontraba, incluyendo la bandera pirata. En
la bodega descubrí pólvora, una cuerda grande y vino, y en la cocina una
cacerola y un paquete de cereales. Como tenía hambre abrí el paquete y
apareció la llave del armario del cuarto del capitán. Dentro de éste había
cofre con un papel, que resultó ser una extraña receta. Como seguía teniendo
hambre volví a la cocina a prepararla, pero no poseía los ingredientes, entonces
pensé que si los sustituía por otras cosas similares también valdría, así que
utilicé la bandera pirata en vez de la calavera, y así hasta el final. Cuando
añadí el último componente la olla saltó por los aires y quedé
inconsciente. Al despertar descubrí que estábamos en Monkey Island y sin
entender cómo habíamos llegado allí. Lo único que tenía que hacer era
desembarcar, pero no sabía de qué forma. El ver el cañón me hizo recordar
aquella pasada experiencia y decidí repetirla muy a pesar mío. Bajé a la
bodega y conseguí un poco más de pólvora, luego en la cocina prendí las tarjetas
que Stan me había dado. Cuando subí a cubierta utilicé como mecha la gran
cuerda, eché la pólvora por la boca del cañón y prendí la mecha acto seguido me
introduje en el cañón y salí disparado. Tercera Parte. En la Isla de los
Monos. El aterrizaje fue bestial, tanto que se mi hundió la cabeza en la
tierra y además me quedó el culo ardiendo. Allí apareció Herman, un solitario
náufrago, y un simpático mono hambriento. También había un cartel que
indicaba que en la isla había caníbales. Lo primero que hice fue coger la
banana e intentar coger más del árbol, pero no pude conseguirlo, así que me
interné en la isla para hacer reconocimientos. Al este encontré un estanque
seco, donde había un hombre colgado sosteniendo una cuerda, más arriba una
bifurcación del río y al oeste una fortificación al borde de un
cráter. Recorrí toda la isla recogiendo todas las notas que
encontraba. Donde primero fui es la fuerte del cráter, lugar bastante
frecuentado por Herman, y allí conseguí un catalejo, una cuerda y dentro del
cañón, una bala y pólvora. Ya en el grieta vi unos remos, abajo. Utilicé
la cuerda que había encontrado, pero no puede llagar hasta abajo. Esto me
hizo recordar la cuerda de aquel hombre ahorcado. Y si consiguiera levantar
el tronco para hacerle bajar. . . . ? La única solución posible era
volar la presa que había en la desviación de los ríos. Me dirigí hacia allí y
puse la pólvora entre las rocas. Después utilicé la piedra de pedernal que
sostenía la nota con la bala de cañón y saltó una chispa que hizo volar la
presa. Fui arrastrado por la corriente y pude coger la cuerda, ya que el
cuerpo del ahorcado había caído al suelo. Luego volví a la desviación y
comencé a subir a la montaña por unos peldaños que hallé. En la parte de
arriba encontré una especie de trampolín y movido por mi curiosidad le di unos
empujoncitos y lo dejé apuntando hacia otra dirección . Subí más arriba y
llegué a una plataforma desde la cual se divisaba gran parte de la isla. Cogí
la piedra que había en el borde, la tiré hacia abajo saliendo disparada hacia la
playa. Bajé de nuevo , moví hacia otro lado el trampolín y volví a tirar otra
piedra del montón. Hice esto varias veces, en uno de los intentos me cargué
el asqueroso barco que nos trajo, cosa que no me importaba de momento, y otra de
las veces que pareció que le aceré al árbol de la playa. Cuando llegué, vi
que, en efecto, había dos plátanos en el suelo. Los cogí y le di al mono
todos los que tenía, pero no quedó satisfecho. Acto seguido en dirigí hacia
la grieta, me deslicé hasta abajo utilizando estaba la otra cuerda, cogí los
remos y navegué en dirección noreste, lugar donde estaba el poblado caníbal y
tenían guardado el coge-bananas de Herman. Dentro del poblado recogí los
plátanos que tenían como ofrenda, pero los caníbales me pillaron y me encerraron
en una celda. Una vez dentro acaparé todo lo que puede, incluso al
recoge-bananasa ; luego levantando una tabla del suelo me escapé, pero tuve que
dejar el aparato de Herman porque no cabía por el agujero. Volví a entrar en
el pueblo y me volvieron a apresar. Hice esto varias veces, pero vi que no
conseguía nada, me reuní con el simpático mono y le di el resto de las bananas,
con lo que quedó muy complacido y decidió seguirme a todos lados. Andando
hacia el este pasé por una playa, desde donde se veía un claro en la alto de una
pequeña montaña. Una vez en el claro examiné todo lo que había. Cuando
toqué una de las narices de un totem la puerta que impedía el paso hacia la gran
cabeza de mono se abrió, pero se cerró inmediatamente. Como el mono me
imitaba, se quedó colgando de la nariz, dejando así la puerta abierta. Al
entrar en el recinto vi un montón de ídolos, así que agarré uno de los
pequeñitos y fui donde había dejado la barca para volver a ir al poblado
caníbal. Una vez allí les ofrecí a sus habitantes el pequeño ídolo y quedaron
muy agradecidos. Me dirigí hacia la celda y encontré la puerta
abierta. Así que aproveché para sacar el coge-bananas. Ya fuera me
encontré a Herman y se los di, el a cambio me dio la llave que abría la cabeza
del gran mono. Partí hacia la gran cabeza e introduje la llave en la oreja, y
la boca se abrió. Me metí dentro, había una gran caverna llena de
fantasmagóricas imágenes, que resultó ser un laberinto. Como pude, me las
ingenié para salir y regresar al poblado caníbal, donde pregunté cómo llegar
hasta el malvado LeChuck, las respuesta era un artilugio que tenían ellos (una
cabeza) pero que no me lo podían dar porque sólo tenían uno. En seguida me
acordé de que poseía un folleto sobre cómo destacar en la navegación, lo
entregué, y ellos a cambio me dieron la cabeza, que por cierto era
espantosa. Me dirigí enseguida a las cavernas y una vez en el interior saqué
la cabeza para que me indicase en que dirección debía ir, y así llegué hasta el
barco de LeChuck. Cuando me disponía a entrar, uno de los fantasmas me
sorprendió y tuve que huir corriendo. Como no sabía qué hacer, pregunté a la
cabeza y respondió que tenía un collar que la convertía en invisible, entonces
pedí que me lo prestase, pero no quería así que me tuve que poner duro con ella
y al final me lo dio. Cuando entré en el barco me hice invisible y di una
vuelta de reconocimiento. Tras la vuelta descubrí que necesitaba la llave que
tenía el capitán en su cuarto para poder abrir la portezuela de la bodega, peros
no sabía cómo hacerlo porque cada vez que me acercaba él se daba la vuelta y no
podía hacer nada. Pensé que si yo no podía ir hasta donde estaba la llave,
tendría que ser la llave la que viniese hasta mí. Me estrujé el cerebro para
deducir que si utilizaba el compás magnético que me dio Stan atraería a la
llave, y así fue. Después me encaminé a los dormitorios donde había un
miembro de la tripulación dormido que tenía en la mano una botella de jugo de
grog, pero no me dejaba quitársela, así que fui a la habitación de al lado, cogí
una pluma a una gallina fantasma y la utilicé para hacerle cosquillas en los
pies dos veces, y así soltó la botella. Después volví donde estaban los
animales y utilicé la llave para abrir la trampilla de la bodega. Allí
encontré un montón de ratas, alguna de las cuales estaba borracha, y decidí
darle la botella a la que tenía en frente, que por cierto era la más grande y
desagradable. Luego me acerqué a un recipiente que contenía grasa y cogí un
poco para echarlo en la puerta que chirriaba. Una vez hecho esto entré
dentro, tomé las herramientas y abrí la caja de la raíz anti-fantasma, la cogí y
me fui hasta el poblado caníbal, donde me prepararon un disolvente de
fantasma. Tras cogerlo fui de nuevo a las cavernas, pero ya no estaba el
barco ; sólo quedaba el sobrecargo que me contó que LeChuck había ido a Melée
para casarse con la gobernadora. Decidí inmediatamente que tenía que impedir
esa boda, y al instante apareció mi antigua tripulación dispuesta a
ayudarme. Ultima Parte. Las Bodas de LeChuck. Una vez en Melée me
dirigí inmediatamente a la iglesia echando jugo de raíz antifantasma a todo
aquél que se ponía por medio. Cuando llegué el cura estaba pronunciando lo
típico de "Si alguien aquí presente tiene razones que impidan la celebración de
la boda, que lo diga ahora o calle para siempre". Entonces salté yo, claro
está. LeChuck se sorprendió al verme allí, pero más se sorprendió cuando
apareció la gobernadora por el otro lado de la sala. Se quedó intrigado
porque pensaba que se estaba casando con ella, pero en realidad quién estaba en
el traje de novia era el simpático mono, y además tenía el liquido
antifantasma. Como LeChuck vio que yo no tenía defensa cogió y empezó a girar
su brazo a toda velocidad y me dio un puñetazo que me lanzó a la otra parte de
la isla, enseguida salió detrás de mí, me dio otro de esos puñetazos bestiales y
me mandó a otra parte. Esto sucedió varias veces y en una de ellas me empotré
en la máquina de grog que había en el embarcadero. Enseguida vino el pesado
de Stan y le empezó a dar a charla al pirata, éste no se lo pensó dos veces y le
sacudió. Luego LeChuck consiguió sacarme de la máquina y me arreó otro
golpetazo. Así estuve un buen rato, hasta que descubrí que al estrellarme
contra la máquina de grog había salido un montón de latas y una botella de
liquido anti-fantasma. Cogí la botella lo más rápido que puede, la agité y le
eché un chorrito. Los efectos fueron espectaculares, tanto que en el juego se
incluye una repetición y varias tomas con distintas cámaras. Pensé que ya no
quedaba nada en mí de aquel pardillo buscador de fortunas que llegó en día a
Melée. Ahora era un hombre experimentado y me sentía mucho mejor. Al
ratito apareció la bella gobernadora y empezaron a volar cohetes por toda la
isla. Supongo que no tengo que decir que el final de la historio es como el
de todas las demás historias : nos casamos, fuimos felices y cominos muchas
perdices. Sólo había una cosa que bullía en mis adentros : nunca llegué a
descubrir el Secreto de Monkey Island.
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