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Análisis
Real War
Género: Estrategia
Compañía: -
Distribuidora: FX Interactive
Plataforma: PC

 
Juan J. Fermín (szandor@ludics.com)

Real War nos narra una guerra ficticia entre los Estados Unidos, en su papel de líder de la OTAN, y una organización rebelde que pretende resucitar la Unión Soviética. El juego tiene pues el atractivo de tratar un tema que está de actualidad, algunos opinarán que de manera un tanto frívola, y ponernos al mando de unidades contemporáneas.

El juego se vendía, en su edición original, con el reclamo de ser una adaptación de un programa de entrenamiento del ejército norteamericano. Pero en realidad, lo que nos encontraremos al instalar el CD de Real War, es un juego de estrategia en tiempo real bastante típico, que no se aleja de los patrones tradicionales, sobre todo los establecidos por su más ilustre antecedente, el Command & Conquer.

Suele suceder, en el mundo de la estrategia, que se otorga un protagonismo absoluto a la unidades de tierra, relegando a las fuerzas aéreas y de la armada un papel secundario. Real War tiene la virtud de no conceder más importancia sobre un tipo de fuerza con respecto a las otras dos, alentándonos a coordinarlas entre sí con el objetivo de desarrollar la táctica más adecuada. Por ejemplo, un mismo edificio puede ser destruido por un ataque con vehículos motorizados, o bien recurriendo a helicópteros de ataque o, incluso, bombardeándolo desde el mar con un misil de largo alcance. Así mismo, no hay unidades especialmente fuertes ni débiles, lo que nos obliga en todo momento a buscar la combinación adecuada de unidades para establecer una defensiva o una ofensiva eficaz. El número de unidades, por cierto, es amplio y cubre sobradamente el espectro de posibilidades: infantes, carros de combate, artillería autopropulsada, transporte terrestre, aéreo y marítimo, lanchas de asalto, destructores, helicópteros, aviones aire-tierra... Las diferencias entre los bandos que hay disponibles son mínimas, limitándose a los SEALs, unidades especiales que, en el caso de los rebeldes, consisten en terroristas suicidas... Dejo para otro momento el discutir si es una falta de sensibilidad o no el jugar con cierto género de temas.

Gráficamente el juego no sobresale demasiado, ya que recurre a la tradicional perspectiva isométrica, con decorados en 2D y unidades modeladas en tres dimensiones. Un detalle muy interesante es que podremos hacer zoom, para tener un mayor campo de visión o centrarse en algún detalle particular. Quizá, como convendrán conmigo quienes prueben este juego, se hubiera agradecido que este zoom fuera más flexible, que permitiese acercarse o alejarse todavía más, o incluso que permitiese girar el ángulo de visión. Los edificios y vehículos están bastante bien bien representados, si bien resultan demasiados semejantes entre sí, haciéndose difícil distinguirlos en pantalla, sobre todo si estamos metido en un lío. A destacar también, en el apartado gráfico. los videos reales empleados en el modo campaña, bastante vistosos aunque la mayoría se limiten a un cuarto de la pantalla

Las voces, por otra parte, han sido muy bien traducidas al castellano, en especial la del narrador que nos indicará los objetivos de cada misión. Como curiosidad: en la versión original esa voz la ponía el actor R. Lee Ermey, el perverso sargento de La Chaqueta Metálica. La música es bastante adecuada, ritmos de inspiración militar, que se adaptarán a lo que suceda en pantalla.

El sistema de juego resultará muy asequible a los jugadores, independientemente de su experiencia en el género de la estrategia. O al menos, eso pensarán en los primeros instantes. Los tutoriales están muy bien realizadas, y cubren de manera muy aceptable, y por pasos, toda la mecánica, desde lo más básico como moverse por la pantalla, a técnicas avanzadas, como seleccionar y coordinar distintos grupos de combate. Además, no tendremos necesidad de ir recolectando recursos, lo que nos aliviará de mucho trabajo. Nos bastará con construir unos almacenes de suministros en los que, periódicamente, descargará un helicóptero de transporte, incrementando nuestro crédito. Para todas las acciones, desde las más simples a la más complejas, dispondremos de un amplio repertorio de teclas de acceso rápido.

La única pega seria de este juego es que la interfaz no resulta demasiado intuitiva. Si bien se incluye un panel en el extremo inferior de la pantalla que nos da acceso inmediato a las unidades de tierrra, mar, aire, a nuestras propias estructuras o a los potenciales objetivos enemigos, el utilizarlo no resulta tan sencillo como podría antojarse a simple vista. Otro defecto es que se han ignorado ideas ya consolidadas en el género de la estrategia: por ejemplo, no podremos mandar explorar a una unidad de manera automática, ni siquiera podremos marcarle un itinerario mediante una serie de puntos. Las unidades pueden permanecer inmóviles, patrullar, atacar o defender un vehículo o edificio concreto, pero no se han incluido órdenes más avanzadas, como el perseguir –o el no perseguir- a las unidades enemigas. Resumiendo, todas las órdenes a nuestro alcance resultan demasiado básicas o insuficientes, obligándonos a dirigir a nuestras unidades milímetro a milímetro. La inteligencia artificial tampoco resulta brillante, lo que da pie a situaciones bastantes absurdas y frustrantes. Por ejemplo, que un vehículo asignado a la defensa de un edificio concreto ignore olímpicamente los ataques del enemigo sobre la estructura que hay justo al lado, o que los helicópteros permanezcan en tierra dejándose destrozar por la artillería enemiga. Defectos, en su conjunto, muy graves para un título que pretende emplear el realismo como reclamo.

Dispondremos en total de treinta y siete misiones, distribuidas en dos campañas (con doce misiones cada una), y en mapas independientes tanto para el modo de un solo jugador como para el juego en red. Las campañas resultan bastante asequibles, aunque no se ofrezca la posibilidad de cambiar el nivel de dificultad, una sencillez que será del agrado de los principiantes y, seguramente, no del gusto de los más veteranos. Vuelvo a insistir en las limitaciones de la IA: el enemigo tenderá a permanecer en sus posiciones, lanzando ataques esporádicos y sin demasiado entusiasmo, y basa toda su fuerza, como suele ser típico en el mundo de la estrategia, en que empieza la partida con todas sus fuerzas perfectamente desplegadas, mientras que nosotros tendremos que construir desde cero.

Si el juego costará ocho mil pesetas, perdón, 48 euros, mi opinión sería bastante clara: no te lo compres. Pero su coste apenas alcanza las tres mil, perdón otra vez, los 18 euros (más o menos), lo que supone una muy buena relación entre calidad y precio, especialmente para los jugadores menos curtidos, que busquen un producto asequible y entretenido.
 
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