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Análisis
Shogun Total War
Género:
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Compañía:
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Distribuidora:
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Plataforma:
PC |
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Juan J. Fermín
(szandor@ludics.com)
Estamos en Japón, en el siglo XVI. El país está dividido en una multitud de feudos que luchan encarnizadamente por el poder absoluto. Cualquier pedazo de terreno es peleado a muerte por incansables ejércitos de Samurais, y no hay señor, por insignificante que sea, que no sienta la perpetua amenaza de los asesinos Ninja contratados por sus rivales. Tú eres uno de estos señores de la guerra, y tu misión es unificar el país bajo tu mando, aplastando a las fuerzas que se interpongan en tu camino.
Shogun podría ser calificado de juego de estrategia en tiempo real, pero es mucho más que eso. Es un verdadero simulador de guerra, que te permitirá comprobar qué se siente al dirigir a mil hombres en el campo de batalla, o al luchar contra las limitaciones impuestas por el enemigo, el terreno o tus propias fuerzas. Una lectura del Arte de la Guerra, se convierte casi en una obligación si pretendemos alcanzar la victoria absoluta.
A la hora de jugar, nos encontraremos dos sistemas muy diferentes. El primero sólo será accesible a través del modo de Campaña, y nos mostrará el mapa de Japón dividido en provincias. Desde aquí gestionaremos nuestros recursos y podremos desplegar nuestros ejércitos, que veremos representados en pantalla con unas fichas que recuerdan a las del Risk, todo ello por turnos. Cuando entremos en conflicto con el enemigo, entraremos en la segunda modalidad de juego, en de la batalla en tiempo real.
Al principio de cada batalla, podremos desplegar nuestras fuerzas. Nuestros hombres aparecen organizados en secciones/ compañías, que actúan como unidades indivisibles, un sistema semejante, por ejemplo, al de Warhammer - The Shadow of the Horned Rat. El entorno es en 3D, lo que nos permite ver perfectamente todos los relieves del terreno. La calidad de estos gráficos no es destacable ni por su exceso ni por su defecto, se limita a cumplir su función. Nuestros hombres aparecen como sprites en 2D, sin una clara definición. Otro tanto puede decirse de la música, si bien cuenta con el valor añadido de ser típicamente japonesa, lo que aporta un punto positivo a la ambientación general del juego. Los efectos de sonido son bastante notables, se puede oír perfectamente las voces de mando, en perfecto japonés, que gritan nuestros jefes de sección, y el estrépito que se produce cuando choca una fuerza con otra está bastante logrado.
Los controles son bastante simples, pero muy completos. En el extremo inferior de la pantalla podremos ver iconos o banderas que representan a cada una de nuestras fuerzas, y que nos informan de su estado (número de hombres, qué acción están realizando y su grado de cansancio mental y físico). Es posible dar órdenes pulsando estos iconos, lo que nos evita la tediosa tarea de tener que localizar la situación real de cada una. Hay un menú disponible para determinar el despliegue general de nuestro ejército, que incluye varias opciones tanto para el ataque como para la defensa. Con otros dos menús podremos establecer el despliegue de cada unidad por separado, así como su actitud en combate (por ejemplo, se puede ordenar a los arqueros que se replieguen cuando otra fuerza intente entrar con ellos en el cuerpo a cuerpo). También es posible desplegar a una unidad pinchando y arrastrando con el ratón, lo que permite tener en todo momento un control muy exacto sobre dónde y de qué manera deseamos establecer a nuestros hombres.
El sistema de batalla es soberbio. Aparentemente, consiste en algo tan simple como pinchar hacia un punto del terreno o un enemigo para que nuestras unidades se muevan o ataquen. Pero nada se ha dejado al azar. Todas las variables de una batalla real se han intentado reflejar con la máxima exactitud, por ejemplo todas las ventajas o inconvenientes que puede plantear el terreno, o las consecuencias que acarrea romper el frente enemigo o dejarse atrapar entre dos líneas. También el factor psicológico ha sido tenido muy en cuenta. Por ejemplo, si tu vanguardia se bate en retirada, el pánico contagiará al resto de tus unidades, y es posible que todo tu ejército de media vuelta y eche a correr.
Hay pocos defectos en este título. Uno de ellos es la excesiva simpleza del mapa táctico de campaña. Muchas veces uno cree estar jugando a una versión pobre del Risk. Por ejemplo, los edificios presentes en cada provincia aparecen como simples y minúsculos iconos. Hay poco que hacer, salvo acumular ejércitos (es decir, amontonar fichas en la pantalla) lo que a la larga resulta un tanto tedioso. Se hubiera agradecido mayor opciones, en concreto, un sistema de gestión de recursos más elaborado.
Si te comienzas a aburrir de los juegos de estrategia convencionales, Shogun no te decepcionará, aportándote nuevos desafíos.
GUIA RAPIDA DE BATALLA
La manera más sencilla de vencer es que tratemos de imaginar que estamos realmente en el campo de batalla, apostando nuestro honor y nuestro pellejo. En esas circunstancias, ningún detalle debe dejarse al azar. Se debe planificar cuidadosamente el ataque o la defensa y disponer, al mismo tiempo, de la flexibilidad necesaria para adaptar nuestros planes a las circunstancias.
El terreno es el elemento fundamental de cualquier batalla. Si sabes aprovecharlo a tu favor, podrás vencer a fuerzas hasta tres veces más numerosas que la tuya, y lo mismo es aplicable en el caso contrario. Un número reducido de enemigos pueden aniquilarte si sabe usar el relieve mejor que tú. Debes hacer lo imposible por dominar las cotas más altas. Desde ellas, tus arqueros tendrán una mejor línea de tiro, ofrecerás una inestimable defensa al grueso de tus tropas y se multiplicará la potencia de cualquier unidad que se lance a la carga sobre el enemigo.
El terreno te permite también romper y dividir el frente de tu adversario. Si lo arrastras a través de una vaguada o un puente, reducirás considerable sus posibilidades. Si eres tú el que se encuentra a la ofensiva, ten esto en cuenta a la hora de decidir el despliegue de tus unidades. Según la situación, puedes minimizar los riesgos de atravesar un paso estrecho ofreciendo apoyo desde cotas más altas con arqueros, o cargando con unidades de caballería, buscando ganar el tiempo que necesitan las unidades de infantería para avanzar y desplegarse.
Otra buena táctica es la del engaño. Puedes desplegar a una unidad relativamente pequeña en una divisoria para hacerle creer al enemigo que allí se encuentra el grueso de tus fuerzas. También puedes usar unidades como cebo para atraer al adversario. Funciona muy bien el uso de arqueros, protegidos muy de cerca por unidades que tu enemigo no pueda ver.
Cuando despliegas a tus hombres al principio, estás decidiendo la suerte de toda la batalla. Ten por seguro que el enemigo no te dará tiempo para corregir la disposición de tus unidades. Como se ha dicho, debes poner especial atención en la configuración del terreno. Si estás a la defensiva, debes preocuparte por dominar las alturas e impermeabilizar las vías de acceso a tu posición, y debes adivinar cuál será la ruta que tomará el enemigo para atacarte. Eso te permitirá jugar con ventaja cuando al fin puedas divisarlo. En el ataque, gana una posición que te facilite ver cuál es el despliegue de tu enemigo, y busca sistemáticamente sus puntos débiles. Si debes ganar una posición que pueda ocultar a un enemigo, por ejemplo un bosque, atraviésala de frente, como si fueras a atacarla. Eso te permitirá reaccionar con la máxima eficacia si efectivamente hubiera allí fuerzas emboscadas.
La cohesión de tu ejército es fundamental. Una unidad aislada frente al enemigo, es una unidad destinada a ser aniquilada. No debes permitir que el enemigo te envuelva o abra brechas en tus líneas. Refuerza inmediatamente aquellos puntos que den síntomas de debilidad. No te confíes ni siquiera cuando el enemigo emprenda la retirada. De hecho, este es uno de los momentos más delicados de la batalla. No puedes permitir que tus hombres se lancen a ciegas y en solitario a por los que huyen, pero tampoco puedes permitirles que se reorganicen. Incluso cuando tu tarea sea aniquilar al vencido, debes mantener la coherencia de tu ejército.
Cada unidad tiene sus virtudes y debilidades. Obvia decir que debes emplearlas teniendo esto muy en mente. La caballería resulta muy útil para dispersar a concentraciones de arqueros, tiene una moderada eficacia para combatir tropas de a pie, pero lo tiene muy difícil a la hora de enfrentarse a piqueros que estén asentados en el terreno. Debes tratar de enfrentar a tus unidades a aquellas que les sea más fácil vencer pero, y esto es todavía más importante, debes tener en cuenta que el enemigo intentará lo mismo. Y es algo que puedes emplear a tu favor. Por ejemplo, puedes situar a una sección de arqueros sobre una colina para tentar a la caballería. Arqueros que estarán protegidos a contrapendiente, allí donde el enemigo no puede ver, por un nutrido grupo de piqueros.
Las tácticas funcionan o no funcionan. Lo verás enseguida. Y si tu estrategia se está desmoronando, no sacrifiques inútilmente a tus hombres, intentando que la suerte o los dioses jueguen a tu favor. Esas cosas no existen en el campo de batalla. Si todo te empieza a ir mal, y ya no te queda margen para enmendar la situación, emprende la retirada, y trata de reagrupar tus hombres en un punto lejano del mapa o, en el peor de los casos, retírate, di hasta luego, y haz mutis por el foro. Esto es de especial aplicación en el modo campaña, donde no te puedes permitir el lujo de perder inútilmente a tropas experimentadas. Ya habrá tiempo para desquitarse.
Según los modernos manuales tácticos, la proporción de hombres idónea para asegurarse la victoria es de 3 a 1. Es decir, que todo será pan comido si tus fuerzas triplican a las del enemigo. Pero en la práctica, no siempre es posible aplicar esas cuentas. Cuando te veas en inferioridad, haz que las montañas y los ríos luchen por ti, usa los temores o la confianza del enemigo en su propia contra, espera cuando sea necesario y lánzate a morder en el momento oportuno.
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