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Análisis
Star Wars Racer
Género:
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Compañía:
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Distribuidora:
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Plataforma:
PC |
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Juan J. Fermín
(szandor@ludics.com)
Una vaina de carreras, para el que aún no lo sepa, es un vehículo compuesto de chatarra de distinta procedencia, que consta de un habitáculo para el piloto remolcado por dos potentes reactores espaciales, capaces de alcanzar la terrorífica velocidad de 900 kilómetros por hora. ¿Te atreves a ponerte a los mandos de uno de estos trastos? Porque eso es lo que te ofrece Star Wars Racer, emular una de las escenas más espectaculares de la nueva entrega de la saga de la Guerra de las Galaxias.
Como no podía ser menos, el juego rezuma la personalidad y la esencia de la película en todos sus aspectos, lo que supone un indiscutible valor añadido al conjunto. Los fans estarán en su salsa. Todas las músicas han sido extraídas directamente de la película, y para el doblaje del juego al castellano se ha contado con la participación de los actores responsables de ponerle voz a los principales personajes, como Anakin o Sebulba. Incluso podrás disfrutar de una introducción antes de cada carrera, que recrea las presentaciones y el ambiente previo al pistoletazo de salida que vimos en la película.
El menú inicial es bastante típico, nos ofrece la oportunidad de comenzar un torneo o una simple carrera individual, además de facilitarnos acceso a las configuraciones del juego, lo que incluye las opciones gráficas, de sonido y de control. Hay que dar un punto positivo a la tremenda flexibilidad que el juego nos ofrece para elegir nuestros controles, ya sea pad, volante o teclado. Un punto que luego hay que quitarle, ya que el programa no incluye la opción de cambiar la resolución de pantalla dentro del propio juego, y es bastante incómodo tener que salirse para luego arrancar con la opción deseada.
Toda partida comienza en una taberna de Tatooine. Allí podremos elegir al vehículo con el que tomaremos parte en la carrera, el circuito en el que primero nos interesa competir, y podremos acceder a la tienda y a la chatarrería de Watto (tan divertido y mezquino aquí como en la película) para encontrar repuestos con los que mejorar o reparar nuestra vaina.
Existen tres niveles de dificultad a los que podemos acceder, más un cuarto que se nos reserva para cuando alcancemos ciertas victorias. También tenemos la oportunidad de decidir si el premio va a repartirse entre los primeros, o será totalmente entregado al ganador. Una buena opción esta última para hacer un dinero rápido si de veras confiamos en nuestras posibilidades.
Si no has jugado aún a Racer, sin duda te preguntarás si de veras consigue recrear la sensación de velocidad que pude verse en la película. Mi respuesta es un si rotundo. Racer es rápido, mucho más rápido que sus equivalentes, como el Wipeout 2097. Literalmente, uno vuela sobre la pista con puntas de velocidad de hasta 1.400 kilómetros por hora. Un vértigo que se multiplica eligiendo el enfoque de cámara a ras de suelo. Las pistas han sido diseñadas expresamente para no tener que soltar en ningún momento el acelerador, pero incluyen mortíferos obstáculos contra lo que tremendamente fácil estrellarse si no estamos plenamente concentrados en la conducción. Una auténtica gozada.
El primer escenario con el que tropezamos es una versión reducida del que vimos en la película, el desierto de Tatooine. Tanto su diseño (arena y montañas) como sus gráficos son bastante simples. Es en el resto de los escenarios donde realmente se ve el buen hacer y la imaginación de sus diseñadores. Hay pistas debajo del mar, en la selva, en explotaciones mineras o ciudades. En ellas te aguardan rampas que catapultarán a tu vehículo en saltos de más de quinientos metros, terroríficos abismos, túneles sin gravedad, obstáculos naturales y artificiales, incluso habrá paredes que se desprendan a nuestro paso o repentinos terremotos.
Si te molestas en bajar el volumen de la música, descubrirás que los efectos de sonido están también a la altura del resto del conjunto. El sonido de los reactores (distinto según qué vehículo hayamos escogido) es toda una delicia, y no dejaremos de escuchar todos los sonidos ambientes, tales como cascadas, aviones que sobrevuelen la pista, o los aplausos del público desde las gradas. A destacar las voces de nuestro propio piloto o la de los contrincantes, al adelantar o ser adelantados.
Racer es un arcade, no un simulador, por lo que no tendremos que preocuparnos por administrar velocidades ni revoluciones. Sus controles son tan simples como acelerar y frenar. Un detalle muy interesante es el uso del turbo, que nos catapultará aún más rápido, a costa de recalentar peligrosamente nuestros reactores. Y si ignoramos el pitido de alarma que nos indica que estamos forzando la máquina más allá de lo tolerable, nuestros reactores se incendiarán. En ese caso, o si sufrimos otro tipo de daños, podremos recurrir a unos robots mecánicos que se encargarán de las reparaciones necesarias. Un gráfico nos indicará en todo momento del estado de nuestros reactores.
El detalle más negativo del juego es la poca competitividad del resto de los pilotos. Te será tremendamente fácil liderar las carreras en solitario desde el principio, incluso en las primeras partidas. Sospecho que Lucas Arts ha dirigido este producto a un público muy joven e inexperto, de ahí su facilidad, pero no entiendo porque no ha incluido opciones para configurar la dificultad para todos aquellos que ya tenemos un mínimo de experiencia en este terreno. A no ser que tengas menos de ocho años, te aburrirás muy rápidamente de hacer vueltas triunfales por las pistas, aunque sean a 900 kilómetros por hora. Máxime si encima el juego no incluye más opciones de carrera que las del torneo o la de carrera simple. Se hubiera agradecido la inclusión de un modo contrarreloj, o de un 'one vs. one' con algún adversario duro de roer.
Ahora bien, aún más incomprensible es el tremendo salto de dificultad que se experimenta en las cuatro o cinco últimas carreras. Aunque los enemigos siguen siendo igual de torpes, el trazado de los circuitos es tan intrincado y lleno de obstáculos que, simplemente, no dejarás de estrellarte. Eso o te conformas con ir a la velocidad media de los vehículos que se mueven en la M-40 un día laboral a las siete y media de la mañana.
En fin, a falta de adversarios competentes, vamos a buscarlos en Internet. Pero da la casualidad que el juego no contempla esa opción. Un detalle inaudito teniendo en cuenta la tendencia unánime de los juegos aparecidos en los últimos dos años, que le resta una considerable porción de atractivo.
A modo de conclusión, habría que decir que Racer hubiera podido ser un grandioso juego de carreras, digno de figurar en lo más alto del género, de no ser por sus notorios y nada disimulables errores de bulto. Aún así, supone todo un placer para los amantes de la velocidad y de la acción, espectacular como pocos, que merece una oportunidad pese a sus fallos.
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